miércoles 23 de julio de 2008

10.00 am

Apoyamos las tazas sobre
el papel de las facturas.
El té nos lo hizo mamá.

Dibujo un barrilete
con cola y todo.

Las líneas mojadas que hice
con la cuchara después se secaron.

Escuchamos The Cure.
Es de mañana,
todo va a desaparecer, es ley.

viernes 18 de julio de 2008

niña

Tiene quince y pollera a cuadros
todos la miramos para ver si además
sí, una camisita blanca.
Todos se la queremos dar.
Las medias hasta la rodilla no se te caen
caminás para ir al kiosko a comprar
un chupetín rojo.

jueves 17 de julio de 2008

Tengo vértigo.

Se nos llenaban los ojos
de cosas, por el viento.
De a poco hasta tenerlos
todos llenos repletos.
Es arena,
porque estamos en la playa.
(mirá para adelante, es la playa y estamos solos)
Y si estuviera la ventana abierta
podríamos caernos doce pisos
(doce pisos para abajo!)
... porque tenemos así los ojos y queremos
darnos la cabeza como locos
contra cualquier lado.

Los dientes nos rechinaban
de todas las frutillas que comimos
y no tenían basuritas.
Sabemos que no podemos correr
mientras nos frotamos los ojos con las manos
Tengamos cuidado
¿no escuchás los autos al costado?
(es angosta la vereda)
pero sí podemos darnos besos con frutilla.
Terminamos de sacarnos las cositas del viento
y miramos el Sol
atrás de ese edificio en construcción
(yo Independencia me la sé a esta altura
pero sin el edificio nuevo ese)
Aceptamos los dos que
siempre habíamos pensado que las cosas
se iban a quedar como estaban para siempre
y el sol brillaba
y teníamos vértigo.

martes 15 de julio de 2008

Texto mediocre.

Me siento en la hilera de la izquierda del bondi. En los asientos 'de uno'. En Plaza Italia el sesenta se queda estancado mientras se llena de gente. Dos bondis, uno pegado al otro, pasan por el costado.
- Pá, pá, pá, pá, pá.
Siento como si me hubieran raspado la cara.
El Hospital Naval es inmenso. Lo veo y pienso en esos libros que había cuando era chica; uno los abría en alguna página y se levantaba un universo plano, un sistema de cartón pintado con forma de figuras, se alzaba un edifico entre las dos hojas, o un parque de diversiones... o un globo aeroestático.
A veces me da la impresión de que si voy y me paro enfrente van a cerrar la página y se me va a venir un doblez de papel enorme encima. El edificio plano con el cielo pintado como si brillara el sol de fondo y todo. Yo voy a tener que mirarlo muy de cerca entonces, vamos a estar apretados y de cartón.

En el piso del bondi hay yogurt. Abajo de la fila de dos. Desparramándose para adelante en cada frenada y para atrás en acada acelerar. Es de frutilla, rosa pastel. El piso del bondi es un asco polvoriento y está el yogurt ahí que dentro de su unidad como mancha se separa en grumos, en muchas manchas.
El motor calienta el piso de goma, el Sol calienta los asientos y afuera derrite la brea de la calles.
El colectivero saluda con la mano al tipo que maneja el bondi que viene por la otra mano, de enfrente.
El yogurt se calienta. Un tipo que tiene las suelas de los zapatos llenas de este barro rosa come algo que saca de su bolso. Un sandwich en pedacitos, lo come con las dos manos, lo rompe dentro del bolso y saca cachitos. El yogurt toma toda la fila de asientos de a poco, se salva el que está sobre la rueda.
La gente quiere evitarlo, levantan los pies, se quedan parados. Yo creo que el tipo tiene un táper en el bolso y ahí rompe el sandwich y se lo come de a cachos. Se está llenando el saco de migas.
Ahora el yogurt es una suerte de vómito de niño, rosado. Hay olor a caramelo viejo y leche ácida. Abrimos las ventanas.

Odio el yogurt.
 

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