lunes 30 de junio de 2008

a ver...

Recién es cuando cruzo, miro, cruzo, vuelvo a cruzar, compro algo en un kiosko, me meto por la calle de mi casa para el otro lado, mientras termino de comer... recién ahí miro en diagonal, desencajado el encuadre: todas las luces de todos los autos brillaban. Las balizas puestas. Un dos tres, un dos tres, el tercer auto plateado estaba fuera de tiempo. El fondo se oscurecía y todo era más cemento, más concreto. Chapa de persiana violeta suave, celeste, rojo chillón, luces apagadas, todo muerto. Un auto cada cincuenta segundos, un semaforo cada minuto y medio. Corre viento terrible y es como un sueño. Todas las luces de los autos titilan, al mismo tiempo. Yo me vuelvo más cemento, más concreta, me edurezco.
Es solamente esta cuadra, mi mundo es solamente esta cuadra.
Respiro un dos luz dos luz tres luz luz plateado, che, acomodate, me rio, me brillan los ojos, me rio, me rio. Lloro.
Persiana violeta, celeste, lloro. Trago lo que me queda con el cuello cerrándose, casi imposible. Media vuelta, no quiero cruzar, no quiero irme.
Todas las luces de los autos titilan, brillan. Pasa un 95, me corta el paisaje, me corta las vueltas, me quedo quieta y cierro-abro los ojos respiro y estoy acá de nuevo, nada es como un sueño.
Llego a casa y la llave es dorada, la llave. Atrás los autos, ahora la llave.
La llave gira fresca, pienso: Sí, la calle estaba desierta; los autos estaban todos vacíos.

sábado 14 de junio de 2008

Malvones en la terraza o atrás de las rejas
del balcón
las imágenes brillan entrecortadas
como la luz
en las baldozas pintadas con una cosa terracota.
El cielorraso al costado
resplandece.
Entrecortadas
por el techito, abajo ponemos la mesa
para no morirnos de sol.
Entrecortadas como el malvón
atrás de las rejas
dobladas redondeadamente
con firuletes
negras o verdes

comemos asados
en Parque Chacabuco
y vamos Vélez
pusieron en la tele los videos de un arquero, el mejor,
con un tango de fondo,
piantao.
En esa casa preparaba cebollas
para que yo me comiera
mi abuelo
en vinagre.

Después el abuelo agarraba el auto
explotábamos en gritos
nos calmaba
para ir al shopping Spinetto
que antes era mucho menos
berreta que ahora
como a eso de las seis de la tarde
el cielo me llenaba de pánico
porque era igual de fóbica que hoy
pero no lo pensaba.

A los jueguitos vamos con mis primos;
mi abuelo pocas veces me dejaba
manejar
cuando era chiquita también
varias veces quise ser varón.

Porque después iba a ser muy macho.
Iba a gritar con todos los negros
dale Vélez y a transpirar que
a mi abuelo se le notaba que le hubiera encantado
tenía eso del enamoramiento
tu nieto perfecto
algo perfecto para alguien.

Era obvio que había
una sartén donde se hacían tortillas
y una olla para guisos.

El barrio brillaba.

Los secretos de la abuela que cuando se murió
no se los aprendió nadie.

miércoles 11 de junio de 2008

Nunca fuiste mi persona platónica. Más bien tectónica: base de todos mis choques. Yo te necesitaba ahí para que tiraras todo el tiempo de mi piolín de paz. Y para llorar.
Para sentirme pésima.
Porque en realidad yo ya tenía razones, lo que no podía era explicarlas.
Mientras yo me olvido
en la calle
todos caminamos
todos nos perdemos
cada tanto
es alguna diagonal.
Mientras vos te olvidás
también
no importa cuánto tiempo cada uno.
Pero a veces me duermo
a veces me duermo
y me acuerdo de todo.


Quisiera pero no puedo estar sin dormir.

sábado 7 de junio de 2008

-

Yo vivo en lo abundante
en la ciudad
en lo certero.
En la basura.

Cuando mamá me enseñó a barrer
tiraba las cositas del piso como
pedacitos rotos
hebillas
de todo.
Ahora se me cae algo un poco
no lo encuentro
y lo doy por perdido.

yo no sé cómo seria
en lo astringente
como el té negro que sabe
a muerto.
Un monstruo de tápers podría gestarse en cualquiera de esos depósitos de locales baratos y matarnos a todos con cubiertos descartables.

Agrego:

Un tipo que una grúa, por un error que no sabemos si humano o mecánico, se come. Lo mastica bien entre dentados bordes metálicos y lo mantiene guardado en su caja para tierra o escombros, un rato. Mancha la tierra partida, reseca, con sangre desde lo alto.
Esa historia cuentan entre estaciones de trenes super tecnológicos y de nafta y otro combustibles, en el lejano oeste industrial.
Nosotras nos drogamos un poco entre tanta cosa hidráulica y nos fuimos.
Nos queríamos ir.

viernes 6 de junio de 2008

autopistas del sol

Era una autopista irreal. Iba a donde se rompía el plano. Era la lejanía, se veía casi como acá nomás. No era un puente, era un arco enorme por sobre donde pasaban los autos. Media eme de macdonals. Algo así. Altísima. Casi no se veía la cima que precedía a la pendiente. Autos redondos de colores brillantes la recorrían. De acá a allá. De acá a allá. De allá a acá algunos, los menos. Nubes chiquitas y apelotonadas flotaban, el sol mostraba claros sus rayos y nosotros la habíamos cruzado una vez, un tiempo.
Pero ahora estábamos en una de las arterias principales más pequeñas. Un movimiento ondular movía la recta de un punto a cualquier otro. Subida bajada subida bajada, cambiaba la pendiente, cambiaban los ángulos. Estábamos en un gráfico seno coseno sin patrón. Yo gritaba como nena en el asiento trasero de un auto, era amarillo maíz. Los mejores grititos del mundo. Las ventanas estaban todas abiertas y entre grito y grito tenía la boca rellena de aire y el pelo suelto saltaba de espacio en espacio. Vos al lado mío te reías como una loca que sos, que se ríe todo el tiempo. Y te agachabas para agarrarte la panza de la risa. Yo gritaba, gritaba y hacía caras, me brillaban los ojos.
El auto subía y bajaba, subía y bajaba... y podíamos ver hacia los lados las otras ramas de la autopista que se abrían y mezclaban, algunas peleaban contra otras, superponiéndose, formando más anchas que se abrían y casi se anudaban en algún punto. A los lejos el asfalto gris claro de lo iluminado que estaba brillaba como arena, todo en la misma línea brillaba como la arena. Este camino entre nubes nos encantaba y llenaba la panza de vértigo. Nos quedábamos calladas y nos llenábamos de paz antes de volver a la histeria de la risa y el grito y la panza hecha trapo.
Sos como el primer amor y el primer sexo. Pensé después.
O lo pensé por segunda vez, lo había pensado antes.
El calor se mueve de maneras raras en la loza que sacamos de una cajita con una puerta que se enchufa y podría matar a un gato.
Las cosas brillan tres veces cada cuadra, hay un tipo acomodando peluches baratos de un local barato. El chino los saca de una bolsa y los pone en una repisa. Con dos en sus manos los mira: rosa y amarillo, son de plush. Los contrapone, los aprieta, los peluches se tocan, él los mueve como si cojieran y se rie con los ojos.
Los pone en el estante.
Vuelve al trabajo.

jueves 5 de junio de 2008

de acá

Los animales se tocan
lo vivo se toca
metidos en su ambiente
cuando se va a su
madriguera
a dormir descansar morirse
El esqueleto desperdigado
busco como signo acá
como meterme los pies en el río
este del Sur
helado y las piedras redondas
del agua y rodar duras
y no es que pienso en el dolor constante
mente
como dicen.
Sino en el trecho brecha
¿ abismo ?
Con los lenguajes cada uno
con el suyo
pero pienso en sentir ese agujero
que está oscuro pero yo creo
que hay algo
hasta lo cierto.
Y ¿está vivo? o ¿estuvo vivo?
también.

domingo 1 de junio de 2008

hollywood

A ella las tetas
le brillan
está tan maquillada
y harta que se le nota
él no tiene mirada
a nadie le importa.
esa cama en la que tienen sexo
no la hicieron ellos hoy a la mañana.
Ellos no duermen juntos
nunca.

poema agrario

A veces nos quedamos callados
vos en tu casa y yo en la mía.
Yo me pongo a escribir
Y no sé qué estás haciendo
pero si quiero puedo imaginármelo.
Me puedo sentar a comer caramelos
y quejarme de lo que sea
también.
O solamente saber
que estás allá
y pasan los caballos.
 

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